sábado, mayo 14, 2005

LECTURA INFANTILES

Casi no puedo recordar cómo llegó a mis manos esta revista para niños. Su portada es brillante y tiene colores de tono pastel que cualquier despistado podría calificar de “fresa”, pero sus artículos dicen lo contrario: seducen por su fantasía. Hay de todo y para todos, con la única condición de que sus lectores no rebasen la edad promedio de diez años.

En su interior se puede encontrar desde un consejo para “ligarte a la nena de la banca de junto”, hasta mil formas para masticar chicle y hacer las bombas más grandes sin ningún problema. Recetas para vivir mejor y sin estrés en el “jardín de niños”, además del tema candente de la semana, que por lo visto no falla en su crudeza con la realidad, como en el número que tengo se titula: “¿Es peligroso prestar los juguetes?”.

También hay sorpresas. Secciones que marcan los juegos de temporada y que nada tienen que ver con el primitivo yo-yo y el trompo, sino con los ”modernos y progresistas” videojuegos.

No podía faltar en la revista lo nuevo en cine y espectáculos, no fueran a pensar los niños que todo es seriedad y esfuerzo. En esta parte, se comentan las primicias del séptimo arte infantil, los amoríos de las jóvenes estrellas y sus éxitos financieros. Se analizan películas de la talla de “Efelante y Guini pu” y su repercusión en la historia del cine animado.

Además hay una sección fija donde los peques pueden manifestarse libremente: “Escribe… si puedes”, se llama. En ella abundan las cartas que preguntan interesantes dudas y tratan de acercarse a la espiritualidad cotidiana, como por ejemplo: “amigos de la revista…¿será posible que en el próximo número publiquen un reportaje sobre la muñeca “Boby’s” y sus accesorios”.

Nada me sorprende tanto de la infantil publicación, como su extraño parecido con muchas otras del puesto de la esquina, pues aunque su nombre varía un poco: “Bobedades”, “Quieres”, “Mú”, “Cosmoputilan”… todas ellas se identifican misteriosamente en el contenido. Es posible que en el estudio de mercado, haya más niños deseosos de leer sus cosas, que de adultos por afrontar la increíble realidad.