SÓLO QUE REGRESES...
Para todos los fines de semana que son inolvidables
Cuando no tienes dinero, siempre estás pensando en lo que harías si lo tuvieras. Sueñas con todas las cosas que podrías comprar, te imaginas realizando acciones que sin el dinero sería imposible e incluso te sientes generoso al imaginar a las personas que ayudarías si fueras rico.
Cuando eres pobre siempre te preguntas por qué eso te ocurrió a ti, por qué tú no tienes un pariente que te deje una enorme herencia o mínimo que te preste, y te repites continuamente por qué la suerte se empeña en darte esos embates, simplemente llegas a la conclusión que eres poco afortunado, alguien, no lo sabes, te echó la sal y estás en el hoyo, vives lamentándote.
También eres de las personas que juegas cada semana el melate, la lotería, los pronósticos y hasta el rasca y gana, no sabes en qué momento eso te cambiará la vida de la noche a la mañana, lo dicho, vives para ese instante, te vienes preparando cada minuto, cada hora y cada día para cuando el dinero llegue, cuando tengas una enorme casa, cuando tengas un carro de lujo, cuando comas abundantemente, cuando no te haga falta nada.
No te das cuenta de cómo la lluvia cae en tu cuerpo, lamentas que llueva y te mojes, no percibes la sonrisa de los niños ni la sonrisa de los demás que tratan de que tú sonrías, ni notas que alguien a tu lado se cansa en decirte que te necesita, ni que esa otra persona que ni te imaginas te desea o le gustaría estar contigo compartiendo miles de cosas. Tampoco sientes el sol en la cara, ni te alegras de que el viento agite tu cabello largo, que por cierto también quieres cortar, sólo te molesta el calor y sufres porque ese viento te hace cerrar los ojos…
Te sientes encerrado en todas partes y el universo te parece una caja de la que no puedes salir, en realidad no sabes que eres parte de la naturaleza y que en menos de un suspiro te habrás ido, que ya no estarás.
A veces yo me siento de esa manera, pero luego pasa algo y todo eso se borra, se diluye, se queda atrás, como ocurrió este fin de semana cuando escuchaba en la radio sobre el ganador del “premio gordo”, de esa persona que se hizo millonaria.
Estaba con mis dos hijos, entonces el mayor, Sian, a sus catorce años comentó que él quería sacarse la lotería y ganar mucho dinero.
Yo, con cierta molestia, le pregunté que si eso pasaba qué haría, cuál sería la primera cosa que compraría con esa fortuna.
Sin detenerse a pensar, de manera inmediata dijo algo que me dio justo aquí, en esa parte que está conectada con cada uno de mis sentidos, en realidad fue como una caricia interna que todavía me acompaña mientras escribo.
Fue instantáneo:
“Te traería de regreso acá”, sólo esas cinco palabras en su voz adolescente me hicieron que casi frenara el carro.
Porque ustedes ya saben que desde hace tiempo paso los días en Morelia, pero todas las noches mi corazón y mi mente viven en Irapuato, así como los fines de semana.
Ya lo saben.